Un nuevo reporte de la Biblioteca Cochrane, considerado uno de los máximos referentes mundiales en medicina, ha sacudido esta semana el debate sobre el ayuno intermitente. La revisión sistemática, publicada en febrero de 2026, concluye que, en adultos con sobrepeso u obesidad, el ayuno intermitente no consigue más pérdida de peso ni mejor calidad de vida que las dietas hipocalóricas tradicionales, al menos durante el primer año.
Importantes repercusiones en medios internacionales ha tenido este estudio, en el que participó en calidad de investigadora senior la directora del Centro Interdisciplinario de la Salud de la Universidad de Valparaíso, académica e investigadora Dra. Eva Madrid Aris, junto al médico del Instituto Universitario del Hospital Italiano de Buenos Aires Luis Garegnani, quien lideró la investigación en el contexto de su tesis doctoral, de la cual Eva Madrid es la directora.
Entre sus principales conclusiones el artículo plantea que el ayuno intermitente, es decir la suspensión del alimento por una cantidad de tiempo determinada, puede ayudar a reducir de peso en forma transitoria, pero no resulta más eficaz que un cambio en los estilos de vida de una dieta tradicional de reducción calórica y, a mediano plazo, puede provocar rebotes importantes en que las personas recuperan los kilos perdidos, incluso los aumentan.
El artículo contribuye a desmitificar una corriente muy en boga en medios alternativos y en especial en las redes sociales, que pretenden ver en la suspensión programada del alimento una suerte de receta milagrosa para la pérdida de peso. También permite alertar sobre los peligros de adoptar dietas que, pareciendo originales, no se hacen cargo del desafío central: sin un cambio de estilo de vida radical que implique hacer más actividad física, llevar una vida menos sedentaria, consumir alimentos nutritivos, equilibrar las proporciones de proteínas, grasas y carbohidratos, y no excederse en el consumo de calorías diarias, es casi imposible mantener la pérdida de peso y casi inevitablemente la persona volverá a recuperar los kilos perdidos con la consiguiente frustración e impacto en la salud física y psíquica.
Medios españoles como El País y la Vanguardia, de habla inglesa como el New York Times y The Guardian, franceses como Le Fígaro y Le Monde, el italiano Corriere della Sera, la Autralian Broadcasting Corporation, importantes agencias noticiosas como EFE, cadenas de TV y radio de todas partes del mundo y diversidad de medios especializados, han citado el artículo y destacado su repercusión en el debate sobre las estrategias para bajar de peso que vienen copando las redes sociales desde hace mucho tiempo. En un ámbito en que suelen surgir gurúes con recetas mágicas bajo el brazo y expertos de dudosa formación académica promoviendo ayunos, artículos como el de Madrid y Garegnani contribuyen a despejar un poco el panorama.
Un recuento parcial indica que más de 80 medios en el mundo se han hecho eco del artículo −publicado en Cochrane Library (UK) y ya traducido a varios idiomas− y sus conclusiones en torno a la desmitificación de la supuesta eficacia del ayuno intermitente. En relación a este impacto, sus autores se muestran satisfechos de poder contribuir con evidencia dura, después de una vasta revisión sistemática de la literatura especializada sobre la materia, a una mirada más objetiva y realista sobre los métodos y estrategias más confiables para conseguir reducir el sobrepeso y la morbilidad de manera estable en el tiempo sin colocar en riesgo la salud.
Los investigadores se han propuesto colocar a disposición de los usuarios, de los especialistas y de los desarrolladores de políticas públicas, herramientas consistentes para la toma de decisiones en la materia y contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas, en tiempos donde el sedentarismo y el sobrepeso se ha convertido en una de las amenazas más evidentes para la salud poblacional.
La gran mayoría de los estudios revisados para la investigación se realizaron en países de altos ingresos y con poblaciones sobre todo blancas, mientras que la prevalencia global del sobrepeso y la obesidad se ha triplicado desde 1975 y ya afecta por igual a los países de renta media y baja. “Futuras investigaciones tendrán que tenerlo en cuenta para determinar si el efecto de un tratamiento como el ayuno intermitente varía según el contexto socioeconómico”, apuntan los autores.
Si ir más lejos, Chile aparece en un reciente ranking de la OMS como uno de los primeros países en tasas mundiales de obesidad. Eso plantea un serio desafío para el sistema público de salud, por los graves morbilidades que pueden estar asociadas al sobrepeso. Por cierto, los tomadores de decisiones en esta materia tendrán que ser capaces de diferenciar entre las estrategias medianamente probadas por la evidencia científica y la investigación especializada y aquellas propuestas promovidas por “influencers” que ofrecen soluciones sin sustento empírico al problema del sobrepeso.
Detalles del estudio: desde el ayuno relativo al del guerrero
El estudio analiza 22 ensayos clínicos y 1995 pacientes, que comparan diferentes modalidades de ayuno intermitente: el más popular consiste en la restricción horaria, que supone, por ejemplo, comer durante 8 horas al día y ayunar 16; es la modalidad 16-8. También existe la 12-12 (que es la más practicada entre principiantes), o la que las redes llaman “el guerrero”: ayunar 20 horas y comer solo en un tramo de 4. También analizaron el ayuno en días alternos, el llamado método 5-2, es decir, comer 5 días y ayunar 2. Los autores investigaron los resultados de estas dietas frente a las tradicionales de restricción calórica, o sea, reducir el consumo diario de calorías, en adultos con sobrepeso u obesidad. El resultado principal es que no se encontraron diferencias clínicamente significativas entre ambos enfoques en lo que respecta a la pérdida de peso.
“El mensaje principal es que el ayuno intermitente no debe promocionarse como una solución dietética superior ni como mágica y la evidencia sugiere que funciona de manera muy similar a otras estrategias de reducción calórica”, señalan los autores. La pérdida de peso, subrayan, está influida por muchos factores: el comportamiento, el entorno, el mantenimiento de la dieta a largo plazo, y no solo por un patrón de alimentación específico.
Garegnani y Madrid reconocen que los estudios dietéticos son especialmente difíciles de diseñar, porque dependen del comportamiento y las rutinas diarias de las personas, que son aspectos muy complicados de estandarizar. “Los investigadores tienden a simplificar su enfoque centrándose en los hallazgos de laboratorio en lugar de en resultados críticos para la toma de decisiones clínicas, como reducción de peso clínicamente relevante, la calidad de vida o los eventos adversos de cada intervención”, señalan.
La revisión Cochrane llega en un momento en que el ayuno intermitente se ha convertido en un fenómeno cultural, con miles de libros vendidos, aplicaciones de teléfonos móviles, y presencia constante en redes. El impacto futuro de estos resultados resulta trascendente considerando que dos tercios de las recomendaciones de salud que realiza la OMS están basadas en al menos una revisión Cochrane (link).
En síntesis, el nuevo trabajo no descarta el ayuno intermitente, pero sí lo rebaja, al menos por ahora, de la categoría de revolución dietética a la de una alternativa razonable para quien la tolere y pueda mantenerla, en igualdad de condiciones con otros enfoques dietéticos más clásicos. El peso de la evidencia, de momento, apunta a una conclusión tan poco espectacular como contundente: no es el reloj, sino el conjunto de hábitos, lo que decide la balanza.