
Fanny Leyton, doctora en Psicoterapia, diplomada en Salud Mental Comunitaria, docente titular de la Escuela de Medicina de la Universidad de Valparaíso, e investigadora del CIESAL, participó en el XXV Curso Internacional de Neurología y Psiquiatría Infantil. Durante la actividad dedicada, en esta ocasión, a la salud global en neuropsiquiatría, la Dra. Leyton abordó la temática del neurodesarrollo, las relaciones tempranas y su impacto en la regulación emocional y la salud mental infantil.
Fanny Leyton, integrante del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (MIDAP) y de la Sociedad Chilena de Neurología y Psiquiatría Infantojuvenil (SOPNIA), señaló durante su intervención que el cerebro “espera” experiencias esenciales para su desarrollo; entre ellas el contacto humano, la corregulación, el lenguaje, el juego y la sincronía interpersonal. Desde esa perspectiva, enfatizó que el desarrollo infantil no depende sólo de factores individuales, sino también de la calidad de las experiencias relacionales que acompañan los primeros años de vida.
La Dra. Leyton se refirió, asimismo, al impacto que provoca el maltrato y la adversidad temprana, destacando que estas experiencias no solo aumentan el riesgo psiquiátrico, sino que pueden modificar directamente la arquitectura cerebral, la conectividad y el procesamiento emocional. En ese sentido, propuso entender las alteraciones observadas en niños expuestos a traumas no únicamente desde la perspectiva del daño, sino también como adaptaciones neurobiológicas que se producen ante contextos amenazantes.
En otro eje importante de su exposición, Leyton se refirió al apego seguro (siguiendo a John Bowlby, fundador de la teoría del apego) como un factor que favorece la exploración, la tolerancia emocional, el aprendizaje y la regulación fisiológica, reforzando el papel central de los vínculos tempranos en el desarrollo emocional humano.
Leyton también reflexionó sobre el efecto de la pobreza y la desigualdad en el desarrollo infantil, indicando que no se limita de manera exclusiva a las limitaciones materiales, al tratarse de contextos marcados por el estrés, la inestabilidad, el hacinamiento y la violencia. Subrayó, desde esa mirada, la necesidad de integrar la clínica con los determinantes sociales y las políticas públicas para comprender de forma más completa el impacto de estas condiciones en la infancia. Recalcó, por último, que si bien la primera infancia puede determinar profundamente el destino de una persona, también existe la posibilidad de reparación por medio de nuevas relaciones y experiencias correctivas.